Hay gente que cree en el destino y que al escuchar nuestra historia, me han intentado hacer pensar que si el destino nos juntó esa noche, volverá a hacerlo. Yo lo dudo. Perdóname, pero, al igual que tú, las esperanzas desaparecieron, se esfumaron, volaron... ¡qué se yo! Y me dejaste indecisa, más indecisa que nunca. Ahora soy de esas que sacan todos los tipos de galletas que haya en la despensa para desayunar, aunque termine mojando una triste magdalena en el vaso de leche, por no mojar mis mejillas con las lágrimas. De las que no sabe escoger una blusa cualquiera de su armario para salir una noche. De las que le resulta realmente difícil hasta decidirse por un regaliz rojo o una moneda de fresa. Y con todo esto, sigo agarrándome con fuerza a cualquier tipo de oportunidad para no perder la confianza. Pero ya estás tú para joderme la vida, para martirizarme la existencia con el recuerdo de tus manos, tus besos en mi cuello mientras intentaba controlar mis cosquillas, tus abrazos por la espalda, tu forma de pensar, de caminar, hasta de bostezar.
No he dejado nunca de escribir(te).Tú y tu nivel de gilipollez, de cabronería. Yo y mi nivel de tontería, de masoquismo. Digamos que cuanto más daño me hacen, más me marcan y no se puede seguir así, joder.
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