Después de todos estos años, hay que despedirse con un ADIÓS. Haré un esfuerzo para dejar atrás lo malo y recordar siempre, aunque esto me entristezca, que fueron para mí, lo mejor de mis días.
Por suerte o por desgracia, ahora sois vosotros los que me hacéis convencerme de que este no es mi sitio, yo aquí no pinto nada. Mi felicidad ya no os importa Y yo paso de alegrarme por la vuestra.
A día de hoy, con o sin cariño, ya da igual, GRACIAS por hacer que me dé cuenta de que mi lugar está con gente que me quiere, me respeta y no me aparta de su vida como se aparta esa botella de vidrio de litro de cerveza que se tira al suelo con rabia y acto seguido se rompe en mil pedacitos. Así estaba yo. No lo estoy, lo estaba.
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