Dicen que somos muy distintas, pero en el fondo, iguales. Dicen que yo me suelo tomar todo más a pecho, que hago de insignificantes granitos de arena, todo un desierto, pero ella, "ella vive feliz", "ella vive sin preocupaciones". Dicen que yo tengo más fuerza de voluntad, pero ella más inteligencia.Dicen que soy demasiado rencorosa, que mi orgullo me juegan malas pasadas, pero ella sabe apartar los problemas, hacer como si no hubiera pasado nada y sacar una sonrisa. Dicen que los rumores, son sólo rumores, pero hoy por hoy, creo que esta vez no se equivocan. Bastaría pasar dos horas con nosotras para saber de qué escribo. Escribo de ella, por ella, para ella. En realidad, eso es algo que no valora muchas veces, o lo valora y lo hace en silencio. En silencio, así piensa, hace y deshace todo. Me encantaría saber qué pasa por su cabecita loca. Ya hace dos meses, tres o quizás cuatro, que ya no es lo mismo. Y, siceramente, lo echo de menos. Mucho. Puede parecer exagerado, lo sé, quizá lo sea, no lo niego. Sin embargo, es así. Eso de contar con una hermana de la misma sangre, una confidente perfecta, una compañera de piso genial, una amiga, al fin y al cabo.
Últimamente, no sé si será por los estudios, por sus amistades, por algún chico o no sé, parece como si yo fuera para ella una lámpara de deseos. Sólo me presta un mínimo de atención cuando necesita algo. Y ella sabe más que nadie en este planeta, que si a Andrés lo odio con todas mis fuerzas, imagínate a Interés. Serán rachas o será la edad, pero la cosa no mejora. No nos hablamos. No escarmienta. No se da cuenta. No se da por aludida. Y yo, yo estoy muy cansada, estoy decepcionada y desilusionada.
Hoy, cuando estábamos recogiendo la cocina después de haber comido juntas manteniendo una conversación individual con su amigo el silencio, he reventado, he explotado como si fuera un petardo, un cohete. No podía más, de verdad. Podría haberla gritado, diciendo todo lo que pienso de ella, de su comportamiento, de estos meses. Pero no, no lo hice. Simplemente, le hice una pregunta, como el que no quiere la cosa, indiferente: "Oye, ¿tú tienes aspiraciones?, ¿aspiras a algo/alguien en la vida?". Cuántas veces me habría gustado tener una hermana mayor que me preguntara eso, que me preguntara que si soy feliz, que cómo me gustaría ser o estar, etc, etc, etc. Mas, esas cuestiones aparecieron y aparecen ante mí y por mí como dudas en forma de puñal. A lo que voy, después de una pregunta viene una respuesta y, como ya me imaginaba, ella levantó la mirada de su plato, se encontró con la mía que reveló algo así como que la cosa iba en serio, y me respondió en su particular tono irónico: "¿a qué viene esto?". Tras aclarar que era una pregunta cualquiera, me respondió que quiere ser maestra y que quiere estudiar bachiller de ciencias sociales para meterse luego en magisterio. Creo, que debería haber desviado el tema con los típicos mensajes de apoyo como "ánimo, si quieres, puedes, confío en ti...", pero decidí recordarla que para conseguir eso, tenía que estudiar, que nadie le va a regalar nada, que tiene que saber inglés como su jodido nombre, que después de la carrera viene una oposición y que tendria que tener un plan B. Noté como su cara se dejaba de iluminar, que parecía que comía con menos ganas el trozo de filete que tenía en el plato. Y no sé si hice bien o mal, si se puede considerar de buena o mala persona soltar de golpe y porrazo a una niña de 14 años, a las dos y veinte de la tarde, lo puta que es la vida. La puta mierda que es esforzarte y esforzarte para conseguir o no tus objetivos, para afrontar tus fracasos, dosificar tus victorias, guardar las formas, las emociones, las ganas de volar cuando toca plantar los pies en la tierra y luchar por las obligaciones y bajo unas normas. Es esto último, quizá el problema de esta morena que a mi me vuelve loca, que me quita la vida cuando llego a casa y veo el ambiente que hay por ella, por su particular forma de hacer las cosas, o directamente, de no hacerlas.
Sé que podría ser una profesora estupenda, que podría conseguir todo lo que se propusiera, pero no así, desde luego. Hoy me ha confesado que "no puede" estudiar. Personalmente, odio esa expresión, y siempre la interpreto como un "no quieres, jodío/a, así yo también me excuso". Es aquí cuando pienso, ¿debería ayudarla a estudiar siempre?, ¿de verdad merece la pena estar encima de ella con los años que tiene?. Pues, si lo tuviera que hacer, bien sabe todo el mundo, que lo haría encantada.
Creo, que después de todo esto, no son los estudios y su vaguería lo que me preocupa. Después de todo, ella sabe muy bien (porque se lo he recordado hoy, entre otras cosas) que nunca me había afectado este tema tanto como este año, que llevamos así desde que aparecieron en su vida las famosas tablas de multiplicar. Pero la cosa se complica y los problemas se dividen en pequeños enfados que si los sumamos día tras día, agotan, restan ganas de todo. Ella sabe bien que siempre la he apoyado, que la he defendido, ya sea por los conflictos que tenia por culpa de alguna zorra de su clase que le hacia la vida imposible, o que, simplemente, miraba y hablaba sin malicia, con humildad. Ahora, no. Y si hay algo que odio en esta vida, es que me mientan, que me miren con desprecio y admitir que ella hace las dos cosas que odio. Últimamente, vivo en un continuo "María, hasta aquí hemos llegado, pasa de ella, déjala", algo que no puedo hacer, que es imposible. Bien sabe ella que no me gusta estar así, pero lo empeora cuando no sabe controlar su genio, cuando me suelta sin venir a cuento cosas horribles de las que luego yo sé que se arrepiente... ¡tanto no puede haber cambiado! Bien sabe ella que más de un día lágrimas estúpidas me han invadido las mejillas en forma de retirada, de aviso para abandonar esta batalla.
A lo mejor desde fuera no se ve así, a lo mejor para los demás somos dos bichos raros, hermanas que se llevan bien, que se cuentan todo, que no se pelean, no se enfadan, no discuten... ¿qué saben ellos? Yo sólo quiero que sepa ella, nadie más; que ella se dé cuenta de que esto no lleva a ninguna parte. Yo debería escucharla más e intentar ser menos yo y más ella. Ser menos orgullosa, más pasota. Ser menos exigente, más "lo que salga". Ser menos rencorosa y olvidar los problemas o simplificarlos.
Encontraremos el equilibrio algún día, espero.