Recuerdo todas y cada una de sus promesas. Aquellas que nunca llegó a cumplir. Recuerdo su sonrisa boba cada vez que me miraba y todas las palabras bonitas que me dedicó. Recuerdo que fue corto e inolvidable. Y cuando se acabó, fue largo, lento, doloroso. Así que es por eso, que hace mucho que no deshojo margaritas ni dibujo corazones. El día que vuelva a hacerlo, seré un poquito más feliz y todos los recuerdos los encerraré para siempre. Sin embargo, es inevitable seguir pisando fuerte, en alerta y desconfianza. Eso te lo agradezco a ti, por supuesto... ¿quién me mandaría a mí enamorarme de ti? Hoy, he cerrado tu libro y abriré otro. Otro con principios llenos de ilusión y margaritas por todas partes. Lo prometo. Y yo sí que cumplo mis promesas.

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