Nunca pensé que un simple saludo del estilo "hola, qué tal" me fuer a costar tanto. Debe ser que esto de dejar a un lado mi orgullo sea nuevo para mí. En fin, tendrá que ser así. Sonriamos, pues, mirando a otro lado. Al lado de las ganas de no callarme nada. Miraré a ese lado, en silencio y con la sonrisa grapada. ¿Quién valora eso de mí? Nadie. Lo sé. Y él, menos. Suena mi móvil, bueno, por lo menos ha respondido. Lo típico, "bien y tú".
Avancemos un pasito más...

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