domingo, 22 de diciembre de 2013

Alegría

"Somos buscadores de agujas en los inmensos pajares del tiempo; no esperemos a que escampe, vivamos la alegría"


Apaga la suave luz que ilumina mi trocito de colchón


Con trocitos



Y dime, ¿no te gustaría que en momentos en los que el mundo se desmorona, apareciera la persona idónea para hacer enteras las mitades y pegarlas para ti? Piensa sólo un momento en cómo te endulzaría las noches después de días oscuros, con montones de esperanzas y pedacitos de canción. Sí, componer cada uno de los trocitos y recomponerte, recomponerle, recomponeros. Cierra los ojos e imagínale diciendo: "tienes un corazón que no te cabe y yo, bueno yo me muero si me faltas". ¿A quién no le gustaría luego responderle sin palabras?

Fría

Disculpe, ¿me presta su bolígrafo? Sólo será un momento, quizá cuestión de minutos. Minutos para exponer en unas líneas la guerra fría de pensamientos que hay dentro de mí. ¿Fría? ¡Y tan fría! Podríamos entrar en calor con un abrazo tan profundo que cueste deshacernos el uno del otro. Sin embargo, seguimos tiritando. Y a este paso, nos congelaremos. Eso se llama orgullo. Demasiado egoístas para aceptarlo: llega octubre, el otoño, las hojas caen, igual que caen mis lágrimas sobre estas palabras. Podría acabar esto con un "te echo de menos", pero eso sería demasiado bonito para ser verdad. El tiempo nos pondrá en nuestro sitio, así que le devuelvo el bolígrafo y me sentaré a esperar con los pies fríos. Aquí. Junto al orgullo que nos arropa.


sábado, 26 de octubre de 2013

You are my change

Últimamente, vamos por la vida más y más deprisa. A veces no nos damos cuenta de que estamos pasando con los ojos cerrados por un camino oscuro que nos conduce a una luz. Esa luz es inalcanzable, tenemos miedo de llegar a ella, sin embargo, la curiosidad nos hace ir a toda prisa. Y con tanto vaivén, no nos percatamos de que hay cosas más importantes alrededor.

Todo ha cambiado demasiado en estos últimos años. Quizás las ganas de llegar a una meta, han hecho que vaya tropezándome de piedra en piedra en la carrera. Por eso, hay algo que se me escapa. No consigo saber qué es. Aprendí a conformarme con lo que me ha tocado desde que, por alguna extraña casualidad, tú desapareciste de mi vida.



lunes, 7 de enero de 2013

Despedidas...

Después de todos estos años, hay que despedirse con un ADIÓS. Haré un esfuerzo para dejar atrás lo malo y recordar siempre, aunque esto me entristezca, que fueron para mí, lo mejor de mis días.

Por suerte o por desgracia, ahora sois vosotros los que me hacéis convencerme de que este no es mi sitio, yo aquí no pinto nada. Mi felicidad ya no os importa Y yo paso de alegrarme por la vuestra.

A día de hoy, con o sin cariño, ya da igual, GRACIAS por hacer que me dé cuenta de que mi lugar está con gente que me quiere, me respeta y no me aparta de su vida como se aparta esa botella de vidrio de litro de cerveza que se tira al suelo con rabia y acto seguido se rompe en mil pedacitos. Así estaba yo. No lo estoy, lo estaba.

Anónimo

No diré quién soy, no diré mi nombre, no diré cuándo he escrito esta entrada, ni por qué, ni para quién. No daré explicaciones, simplemente, no quiero preguntas, no quiero respuestas. No  quiero sonar cursi, ni exagerada, ni irracional, ni matemáticamente exacta. Quiero ser como soy. Quiero que me reconozcan los que de verdad creo que me conocen, sin necesidad de palabras. Quiero que sin hablar me oigan y que piensen en mí. No quiero sonar egocéntrica, ni marginada. Pero quiero que el objetivo que me he propuesto desde el primer momento en que ha aparecido en mi mente la idea de escribir estas palabras, se cumpla, se haga realidad. ¿Difícil? ¿Imposible? Estas mismas preguntas aparecen en mi mente cuando pienso "Todo puede cambiar". Creo que, de hecho, ya han cambiado.

Hace tiempo que nos conocemos y que en ningún momento imaginamos hasta qué punto íbamos a estar tan unidas. Tampoco supimos desde el primer instante lo que podríamos cambiar sin razón, sólo porque sí. No puedo evitar pensar en el pasado. En ese pasado que no volverá, en el que una vez fuimos todas para una y una para todas. Ahora no. Y, ¿quién es la culpable? Pues queridas amigas mías, si algún día veis esta entrada, podréis saber que tenemos la culpa todas, las cuatro. Vale, sí, puedo tener poca experiencia en esto de vivir. Puedo ser una ignorante, puedo no saber nada. Me podéis tomar por tonta, por creída, por sabelotodo. Simplemente, no me importa. Quiero decir, es mi opinión. ¿O qué pasa? ¿Acaso no creéis que tenemos la culpa todas? ¿De verdad os atreveríais a señalar con el dedo índice a la culpable? ¿Quién de las cuatro? ¿Eva? ¿Candela? ¿María? ¿Blanca? ¿Quién?

Hay veces en las que es mejor no dar importancia a los problemas. ¿Cómo es? ¡Ah sí! "Dejarlo pasar, sólo es una mala racha" y acabar diciendo, "Volverá a ser lo de antes, sólo necesitamos tiempo". ¿Y bien? Todavía sigo esperando. Todavía sigo pensando en que una tarde en la casa de una de nosotras para compartir una pizza cuatro quesos con un trozo de queso, acompañadas de una película, no soluciona estos problemas. ¿Por qué? Por la confianza. No hay confianza. Ya no puedo decir lo que pienso sin pensar antes en lo que pasará por vuestra cabeza. Inseguridad. Y, por lo tanto, me siento incómoda. ¿De verdad pretendéis que me crea que siempre nos pasa esto cuando volvemos del verano? Algunas más separadas que otras, algunas más unidas que otras. ¿Y qué? ¿No podemos integrarnos fácil y rápidamente? ¿Tanto cuesta?

Pasado. En serio, echo de menos todos y cada uno de los momentos en que nos bastaba una tontería de una, una carcajada de otra, una manía de otra, un comentario de otra, para ser felices, ser amigas. Amigas de verdad. No "el proyecto de amiga rutinaria" que tenemos ahora. Amiga que guarda debajo del pelo mucho, muchas cosas que se calla porque no sabemos hablar, no sabemos solucionar los problemas. No nos podemos aguantar las ganas de decir todo lo que nos incomoda, lo que nos inquieta, lo que nos desquicia de la otra. Y en el momento en que podamos hablar sin preocupación, solucionarlo. Pero dar una solución ya, cuanto antes, ya sea buena, o mala.

No sabéis lo que es pensar: "Voy a llamarla porque la he visto rara en el instituto Podría decirlas que se queden a dormir. Podría gritarlas que  abran los ojos, que estamos mal, que estamos fatal, que nos aburre hablar, nos cuesta, nos incomoda, ¡no sé!" ¿Sabéis lo que es? Y a continuación pensar: "Bueno, no pasa nada. Si de verdad hay algún problema y yo no estoy exagerando, me dirán algo. ¡Buah! Ya hablaremos. No hay prisa. ¡Que hablen ellas! Que yo siempre soy la que empiezo a hablar".  Así nos pasa, unas por una cosa, otras por otra, y así estamos, así seguimos y, a este paso, así seguiremos.

Por favor os pido que juguemos a un juego. Si algún día leéis esto (porque me he prometido a mí misma que no os diré nada), sacad vuestras conclusiones, pensad en cómo estábamos antes, cómo estamos ahora y si de verdad merece la pena salvar nuestra amistad. Si no, no importa, no me digáis nada. Captaré el mensaje. No hay ganadores  en este juego, no hay nada correcto, ni nada incorrecto. Todo está bien, todo está permitido, si habláis, claro. No os pido mucho. Sólo os pido que penséis en si queréis tener la suerte de tener tres amigas sin secretos, en las que poderos apoyar en momentos difíciles y jugar a ser psicólogas profesionales. Si queréis compartir vuestra música, vuestros vídeos, vuestros libros, vuestra ropa, vuestras impresiones sobre chicos, sobre hermanas, sobre Bobby, sobre profesores, sobre padres y madres, sobre personas con las que os crucéis (compañeros de clase, de pintura, de natación, de inglés, de gimnasia rítmica, en la calle, en el portal, etc.), sobre el mundo... ¡Yo qué sé! Poder contar cualquier tontería, cosas insignificantes, cosas pequeñas, sin importancia, pero que si se unen, llegan a ser la base, los cimientos de la confianza, de la gran obstáculo para conseguir la amistad. Y os diré una cosa más: podréis encontraros muchas personas en vuestra vida, persona con las que compartiréis segundos, minutos horas, días, meses, años... Os encontraréis a gente que llamaréis desesperadamente "best friend, mejor amigo, infinitamente amiguísimos", pero en realidad, no son nada. Son palabras, no hechos. En definitiva, esto se llama "madurar"... ¡pero sin pasarse, que tenemos 17 años! Son pequeños detalles que constituyen grandes personas, y por consiguiente, la famosa sabiduría práctica. Esto se llama, vivir, saber vivir, convivir, saber convivir.

Bueno y ya no digo más. Sólo deciros que esto lo escribo con el corazón en la mano, lágrimas rozando ya los labios, y el alma en la planta de los pies. Sobre todo al pensar en la "súperevolución" que ha tenido la historia "interminable" de las EBCM. Que sepáis que habéis sido, y seguís siendo las mejores amigas que he tenido y que os he querido, y os sigo queriendo muchísimo. Que si bien, todas tenemos la culpa, todas hemos cambiado y todas queremos recapacitar, tendremos más cosas en común de las que pensamos y, sobre todo, tendremos lo que hay que tener (fuerza, valor, esperanza...) de seguir hacia adelante, y caminar JUNTAS.

Gracias por vuestra atención. Espero poder solucionar este problema y borrar esta entrada tan extensa y a la que no tendríamos que haber llegado.